Nace Manuel en la ciudad de la serena el 8 de noviembre de 1878.
Es el menor de los hijos de don Valentín Magallanes y de doña Elena Moure.
Recibe el nombre de Manuel Severo y hasta los siete años vive en la casa solariega de sus padres, en la calle O ́Higgins. La casa, de dos pisos, destaca por su sobria y elegante arquitectura.
La infancia de Manuel no es muy conocida. Su padre, quizá su primera influencia poética, fallece cuando tenía cuatro años y al llegar a los diecinueve fallece su madre por la que tenía un amor filial.
Por ella escribiría:
ME SIENTO COMO UN NIÑO EXTRAVIADO EN LA FIESTA.
¿DONDE ESTAS, MADRE MIA?,NO ERES ESA NI ESTA.
NI AQUELLA…MADRE MIA.
¿COMO ENCONTRARTE SI IGNORO CUAL ERES?
TE HE BUSCADO Y AL NO ENCONTRARTE LLORO.
A fines del siglo IXX y por causas aún desconocidas, se traslada con sus hermanos mayores, Carlota y Valentín a Santiago, e ingresa a estudiar a las aulas del Instituto
Nacional. Aun no descubre sus aptitudes poéticas. Tras abandonar sus estudios, se incorpora a la Escuela de Bellas Artes. Bajo el nombre de Severo, incursiona como crítico de arte y colabora en la antigua “Pluma y Lápiz”; en “Instantáneas” y en “La Libertad Electoral” entre otras.
Sus primeros pasos en la poesía son inspirados por su gran amor de adolescencia, su prima Amalia Vila Magallanes.
Amalia no era quizá ni muy hermosa ni muy joven, pero su rostro ovalado y ligeramente moreno era simpático, vivaz y acogedor.
Cuando Amalia era una joven que ya asistía a los bailes de la época, su primo no pasaba de ser un chicuelo de pantalones cortos. Pero ya entonces amaba a su prima.
Manuel continuó amando a Amalia durante su adolescencia y años mozos, hasta que logró desposarse con ella en septiembre de 1903, después de largo y contrariado asedio sentimental, estableciendo su hogar en la Ciudad de San Bernardo.
El matrimonio tuvo dos hijas Amalia falleció a los ocho años y Mireya.
El hogar de los Magallanes, escribiría Fernando Santiván, era, en realidad blando, tibio y señorial… . La casa misma, con su único piso y sus techos bajos, sus amplias salas y extensos corredores protegidos por cristales, sus gruesas murallas exteriores con ventanas enrejadas, se prestaba para rememorar los solares de la Patria Vieja.
De la persona de Magallanes se dice que era un hombre de gran atractivo. Alto, delgado, de pelo oscuro ondulado y tez mate. Vestía al estilo romántico, entero de negro, con corbata de lazo y sombrero de calanez. Santiván escribió, “A pesar de su juventud, la renegrida barba le daban un aire majestuoso y patriarcal, pero, bien pronto la corbata flotante y el flexible chambergo bastaban para insinuar un imperceptible santo y seña de despreocupación y de camaradería. Emanaban de su persona elasticidad, y fuerza, atemperadas por un vaho de somnolencia felina que lo envolvía en sobria distinción y elegancia… . Pocas veces – agrega Santiván – hemos encontrado en la vida, persona que reuniera, como Magallanes, tanta armonía entre su obra artística y la severa gracia de su estampa…”.
Asentado ya en su hogar en esta ciudad, en los años venideros, Magallanes conjuga su vida en razón de las letras – poesía, periodismo, crítica, teatro – de las artes – dibujo y pintura – y de la Política, campo en que alcanza el cargo de regidor y alcalde del, en ese entonces, pueblo de San Bernardo.
Un año antes de su matrimonio, en 1902, publica su primer libro de poemas. Su título: “FACETAS”
A Facetas siguen MATICES, que prologa Isaias Gamboa, libro del que la crítica diría “En Magallanes encontramos la dualidad pecaminosa del poeta y del pintor sin rumbos definidos, extraordinario”. Después LA JORNADA. En ella,“vemos que estamos frente a un poeta de corazón y de espíritu selecto”, diría también la crítica.
Eduardo Poirier escribiría en 1924, “Es un artista delicado y elegante, un orfebre de la poesía, a la cual consagra los más nobles arrebatos del espíritu”. Y Raul Silva Castro, “De él lo esperábamos todo. Tanto lo admirábamos, de tanto lo creían capaz, que su palabra no podía ser ya una sorpresa para nosotros…”.
Magallanes, también incursiona en la pintura y sus ganas podemos conocerlas por él mismo en una carta enviada a su esposa el 9 de septiembre de 1917; precioso documento de su ternura y del equilibrio de sus potencias de artista:
“Si me preguntas que deseas, te diría: un pedazo de tierra en estas serranías, una casita o un rancho que nos guardara a los tres, pluma, papel, pinceles, pintura, telas, y nada más.”
Raúl Silva Castro señala: “Sus años finales los pasó en San Bernardo, en un refugio que la permitía satisfacer las dos grandes pasiones de su existencia: la poesía y la pintura.”.
A este respecto, la crítica comenta. “El artista Magallanes rebasa los moldes. Como pintor, algo que pocos saben, inicia vista aérea de nuestro paisaje. Pinta la cordillera como si la sobrevolara. La intuye en su grandeza y su coloración bajo el crepúsculo, como si realmente la hubiera visto desde arriba… sus dimensiones pictóricas nos lo asocian a su compañero y amigo de excursiones, nada menos que a Juan Francisco González”.
En 1907 ya figura en las actas municipales como Regidor y Secretario de pluma de la Ilu. Mun. de San Bernardo, de la cual llegó a ser su tercer Alcalde. En un acta de ese mismo año aparece estampada su pugna con la Compañía de Electricidad por mejorar las redes eléctricas de la ciudad.
Durante su alcaldía fue activo precursor de la forestación y del avance urbano.
Paralelo a esto, junto al escritor Augusto Goemine Thomson, más conocido por Augusto D’Halmar, funda entre 1906 y 1907 la Colonia Tolstoiana. En efecto, aprovechando un terreno cedido por la señora Amalia de Magallanes, ubicado en el sector sur de la ciudad, un grupo de soñadores, fuertemente influenciados por el idealista ruso, inician una vida espiritual en contacto íntimo con la naturaleza, apartados del mundanal ruido y de los bienes materiales.
Amalia habría dicho, “La colonia deberá fundarse aquí, en San Bernardo; ya hemos decidido con Manuel entregarles un terrenito para que inicien su ensayo.”. Sin embargo, el proyecto fracasa por la partida de D’Halmar que es nombrado Consul de Chile en la India. El resto de los integrantes se dispersan, pues los principios del Conde Loen Tolstoi les resultaban impracticables.
1914, año de inicio de la gran guerra, lo sorprende presidiendo la histórica Sociedad de Artistas y Escritores de Chile, institución que, bajo su mando, patrocina y organiza los primeros Juegos Florales de Santiago. Tenía en esa fecha 36 años.
Este evento era considerado el de mayor relieve y jerarquía internacional de los celebrados en Chile y el premio mayor – La Flor Natural – lo recibió la profesora Lucila Godoy Alcayaga por sus “Sonetos de la Muerte”, bajo el seudónimo de “Gabriela Mistral”.
Corre el año 1916. Magallanes publica su colección de cuentos, “¿QUE ES EL AMOR?”. Una dolencia pulmonar lo obliga a frecuentar su casa de el Melocotón. Allí escribe y pinta. También lo hace en Cartagena.
Por otra parte, Manuel fue también fundador del “GRUPO DE LOS DIEZ”, uno de los elementos artísticos que mayor influencia ha ejercido dentro de nuestra cultura y que, según Adolfo Ibañez, “Era una alianza espontánea de mutua exaltación.”.
Pedro Prado es también quién fundamenta la filosofía del grupo en un trabajo llamado “SOMERA INICIACION DE JELSE”.
Buscan, a través de todos los actos humanos, el secreto de la sociedad ideal, el precioso “Bien Perdido” y sus maravillosas profecías, que ellos presienten y vislumbran en todos los ámbitos del universo. La siguiente cita de Prado nos dará
una idea de su significado y de sus posibles raíces. Dice Prado “Los Diez no forman ni una secta ni una institución, ni una sociedad. Carecen de disposiciones establecidas y no pretenden otra cosa que cultivar el arte con libertad natural. Los Diez deben obedecer ciegamente al Hermano Mayor. Lo que él diga se hará; pero no hay temor de que diga cosa alguna, porque no se sabe quién es el Hermano Mayor y cada uno puede y debe creer que lo es.”.
Hoy día solo queda una casona roja en santa Rosa esquina Tarapacá. Se llamó “LA CASA DE LOS DIEZ”. La puerta de entrada principal, que da a Santa Rosa, aún tiene en un dintel de piedra la “X” de los Diez. Tenía 38 años.
Aproximadamente tres años antes, la Francmasonería despierta su curiosidad filosófica y es así que en enero de 1914 golpea desordenadamente las puertas del templo y recibe la luz masónica en Santiago. Comienza de esta manera el peregrinaje por un sendero diferente a los anteriores, no sin dificultades, pero con la fuerza y el vigor de los verdaderos iniciados.
El 30 de marzo es acogido en la masonería San Bernardina donde contribuye activamente desde su cargo municipal. Se sabe que mucho deben a su empuje silencioso y constante y a su gran sensibilidad social, diversas instituciones locales como la Primera Compañía de Bomberos, la Liga Protectora de Estudiantes, Asociaciones Obreras, etc.
Un día, 19 de enero de 1924, había viajado desde el, en ese entonces, pueblo de San Bernardo, hasta Santiago, invitado por la familia Valdés Alfonso para que, en compañía de su primo, el señor Alberto Ried, visitara la labor escultórica del artista Totila Albert. El poeta Magallanes, que era un culto crítico de arte, aceptó gustoso la invitación y a medio día, salió de San Bernardo.
Como de costumbre, el poeta Magallanes Moure se dirigió a la casa de su primo y amigo muy estimado, don Waldo Vila Silva, que vivía en Cienfuegos 162.
Al llegar dijo a su primo que al bajarse del tranvía que lo trajo de San Bernardo, había debido correr para alcanzar el nuevo tranvía que debía conducirlo a la casa del señor Vila.
El esfuerzo le había producido una gran fatiga y con el tranvía abierto, un frío intenso lo hacía temblar. Inmediatamente el señor Vila, que notó la intensa palidez del poeta, trató de tonificarlo con adrenalina, lo que pronto trajo una saludable reacción. Pero esto fue algo momentáneo y su majoría empezó a declinar. El poeta comenzó a sentir un frío cada vez mayor y diciendo en voz baja, cada momento del proceso que seguía a su muerte, se extinguió su vida en la mayor serenidad, y se quedó dormido con el sueño que acentuaba la natural placidez de su rostro.
Tenía 46 años… Cayó doblado de golpe por el destino implacable. Contándose él mismo los segundos de ese “knock out” supremo del que no volvería a levantarse. Tuvo la muerte repentina que preconizaba Cesar como la más hermosa. No podía tener otra este hombre que en su vida y en sus hermosos versos mostró la sabiduría y la Belleza como las grandes directivas de su espíritu superior.
La gente de hoy casi no lo conoce. Pocos son los que tienen o leyeron “LA JORNADA” o “LA CASA JUNTO AL MAR”. El mismo no fue un gran albacea de sus versos: Los derramó en la prensa, incluso con seudónimo. Sus poesías llenaron muchos momentos de la vida escolar del pasado. Era leído y recitado en la escuela primaria y también en los liceos. Después arrasarían con esa preferencia Gabriela Mistral y Pablo Neruda.
Para terminar he querido traerles unas palabras escritas por nuestro querido amigo Moises Recabarren Araneda el año 1988.
Escribió nuestro amigo: ”…por ese extraño hechizo que emana de los espíritus de selección, un 19 de enero de hace unos dos años (1986), me detuve en la plaza de San Bernardo y observando la escultura hecha por Galvarino Ponce, le hablé a Magallanes, como si ahí, en las piedras estuviera él. Es lo que está dicho en esta elegía, escrita sin técnica ni destreza líricas, pero con la autenticidad y el conocimiento que suele obtenerse mediante esos fugaces y sorprendentes encuentros con la eternidad.
El origen de tu partida fue inequívoco,
Querido hermano Manuel.
Eras solo un gran corazón,
un enorme músculo nostálgico
Estriado de versos tristes
en el contorno de la herida cruel.
Caminaste un sendero fascinante
alfombrado de cardos enmarañados
y de regidores prósperos,
de juegos florales,
de bomberos rojos
Y de rostros y manos amantes.
Tu casa solariega
entreteje las ventanas
con jazmín oloroso,
acallando los ojos
De la prima que espera;
Mientras allá lejos,
el horizonte artificial
gira sin sentido dentro de tu pecho,
roto por las dentelladas
de las alcobas sombrías
y de los tranvías eléctricos.
¿Quiénes fueron los culpables?
¿qué orugas venenosas
picaron tus entrañas impalpables
antes de huir como mariposas fugases?
Acaso tu maestro constructor
haya querido acogerte
en la sombra crepuscular
que proyectan las columnas truncadas.
y los libros silenciosos.
O acaso quiso cegarte con la Gran Luz
que surge tras las montañas cúbicas,
decoradas de altares solitarios.
…
En este momento
como un relámpago
en la inquietante sombra
del espacio-tiempo,
tus hermanos te llaman y te lloran,
unidos en una invisible actitud triangular
que entrelaza las mentes
como un dardo fraternal
doloroso y tenue,
misterioso y entendible
Desde aquí,
desde este mundo visceral,
desamos que las ignotas regiones
que hoy habitas te haya acogido
serenamente en su abismo astral,
luminoso y sin fin.